«4 de junio de 1976, los Sex Pistols tocan en Manchester por primera vez. En el público hay solo 42 personas, pero todas se alimentan de su energía, potencia y magia. Inspirados por esto,, harán cosas maravillosas. Por ejemplo, Howard Devoto y Pete Shelley organizaron este concierto, están mucho más avanzados que el resto de Manchester, son los Buzzcocks. Detrás mío están los Stiff Kittens. Pronto su grupo será Warsaw, luego Jon Division y finalmente formarán New Order. El pelirrojo es Mick Hucknall (Simply Red). Ël es John el Cartero. Trabaja de cartero. Y ese que baila delante es Martin Hanett. El único genio de buena fe de esta historia. Bueno, uno de los dos genios de buena fe en esta historia.”
Con esta la declaración da comienza el clásico 24 Hour Party People (Michael Winterbotton, 2002). La escena inicial de esta película contribuyó a mitificar aquella actuación. Quien habla a la audiencia rompiendo la cuarta pared es Tony Wilson, un personaje crucial en esta historia. Licenciado en periodismo por Cambridge, era presentador en Granada Television, una emisora local de Manchester. Tony Wilson afirmó que estuvo en aquel concierto y que, cuando escuchó el tercer tema, la versión de Steppin´ Stone, sufrió algo parecido a una epifanía.
Estas y otras historias aparecen en el libro escrito por David Nolan I Swear I was there. The gig that changed the world. (Juro que estuve ahí. El concierto que cambió el mundo).. En él se recogen diferentes testimonios de la gente que afirmó estar aquel día en el Lesser Free Trade Hall viendo a los Pistols. Cosa imposible de saber porque no hay manera de probarlo. Lo que sí se sabe es que se vendieron 28 entradas, que a media libra la entrada, no daba para cubrir el gasto de 32 que suponía el alquiler del auditorio. En cualquier caso, se calcula que no llegó a la cincuentena el número de asistentes a uno de los conciertes más influyentes de la historia de la música.
Cuando los Sex Pistols volvieron al mismo escenario seis semanas después, el 20 de julio, completaron el aforo. Muchos atribuyen a este segundo concierto el malentendido de mucha gente, que parecía no ser consciente de que había habido dos actuaciones diferentes. No obstante, el propio Nolan afirma que medio millar de personas afirman haber estado en un auditorio con una capacidad de apenas doscientas.
Pero vayamos al principio. Toda el asunto comenzó cuando Howard Trafford y Peter Campbell Mcneish, estudiantes de informática en Manchester. Leyeron en la cafetería de la facultad la reseña del NME sobre el concierto de los Sex Pistols en el Marquee. Aquel final de artículo: “Actually, we´re not into music, we´re into chaos”, sacudió su cabeza de tal manera que decidieron coger prestado un coche y conducir hasta Londres aquel mismo fin de semana. Ahí contactaron con McLaren y sus muchachos, y decidieron ofrecerse a organizar un concierto en Manchester, donde ellos mismos harían de teloneros. Ni siquiera tenían una banda, pero ese detalle era una cosa menor, estaba comenzando una nueva era.
De vuelta a a casa, decidieron cambiarse sus nombres a Howard Devoto y Pete Shelley, y ahora sí, crear una banda llamada Buzzcocks. El inconveniente es que por aquel entonces no tenían repertorio, así que se vieron obligados a buscar un grupo que teloneara a los de Londres. El grupo finalmente elegido fue Solstice. Eran unos hippies, un eco del antiguo régimen. Su áurea era tan deprimente que Malcom McLaren, una vez empezado el concierto, salió a la puerta del teatro e instó a la gente que quería entrar a no hacerlo, “esta banda es horrible, volved en media hora.”
Todo lo que representaba Solstice iba a ser aniquilado aquella misma noche. El contraste entre los dos grupos multiplicó el efecto que los Sex Pistols ejercieron en el público. Mientras avanzaban en su repertorio (de las 13 que tocaron, 8 ya eran propias) el influjo punk hizo su magia. Los asistentes empezaron a mirarse los unos a los otros como si estuviesen pensando lo mismo: esto mola, esto sería capaz de hacerla yo mismo.
JURO QUE ESTUVE AHÍ. Así dice el título del libro referenciado al inicio. ¿Pero quién estuvo realmente ahí aquella noche? Evidentemente estaban Howard Devoto y Pete Shelley, los organizadores. También estaban Bernard Sumner y Peter Hook. Este último, cuando volvió a casa después del concierto, abrió el armario, cogió todos sus pantalones de campana y los tiró a la basura. Agarró sus camisas y les cortó las mangas. A la mañana siguiente fue a una tienda de instrumentos de segunda mano y consiguió un bajo. Tenía el firme propósito de formar un grupo con el propio Bernard Sumner. Se llamó Warsaw. Cuando conocieron a Ian Curtis, decidieron cambiar el nombre a Joy Division.
También estaba aquel día Mark E. Smith, quien después de disfrutar aquella actuación formó el grupo The Fall. banda de culto que llegó a grabar 32 discos de estudio, marcados por el cinismo y el humor siniestro del propio Smith. También estuvo, claro, John, el Cartero, que no se perdía un concierto en el área de Manchester. Su notoriedad alcanzó tal relieve que llegó a grabar dos discos. Pero hasta el momento de su fallecimiento siempre trabajó de cartero.
En el segundo concierto, el 20 de julio, los Sex Pistols no solo ya habían conquistado Manchester, sino que interpretaron por primera vez en directo un arma de destrucción artística llamado Anarchy in the UK. Habían vendido todas las entradas al doble de precio (una libra) que seis semanas antes. Y si el Lesser free Trade Hall hubiera tenido el doble de aforo también lo habrían llenado. En esta actuación estaba toda la flor y nata que marcaría el pulso musical de Manchester en los años venideros.
Entre los nuevos se encontraban Ian Curtis y Morrisey. El legendario líder de los Smiths, con apenas 17 años, escribió una reseña para el NME. En ella se lamentaba de la deficiente calidad del sonido, que apenas permitía distinguir las letras de las canciones. Y finalizaba señalando las coincidencias con los grupos de Nueva York, al mismo tiempo que les deseaba su mismo éxito, pues así “podrán permitirse ropa que no parezca que hayan dormido con ella puesta”.
Ha llegado el momento de hablar de Tony Wilson, uno de los genios de buena fe de esta historia. Según su propio testimonio, Wilson no estuvo en el segundo concierto. Él siempre afirmó haber estado en el primero, aunque hay quien lo niega, “era un presentador de la tele, si hubiera estado ahí, me habría dado cuenta”. En cualquier caso, es necesario detenerse en su figura, como catalizadora de la escena mancuniana y de lo que aquí se está contando.
En su programa So it Goes hicieron los Pistols su debut televisivo el 4 de septiembre de 1976. Antes de comenzar la actuación, Johny Rotten exhortó a la audiencia a mover su culo del sofá, “Flowers. Romance. Oh Baby! Woodstock Coming For Me! GET OFF YOUR ARSE!”. Como era de esperar, ofrecieron el circo habitual. La mirada iracunda de Rotten a la cámara. Jordan, la legendaria dependienta de la tienda SEX, a un lado, en plan dominatrix nazi. Y una silla, siempre una silla, lanzada al escenario . La furiosa actuación fue un anticipo de lo que ocurriría tres meses después en Thames Television.
Pero la historia de Tony Wilson va mucho más allá. En 1978 funda Factory Records, con Martin Hannett como productor, y cuyo primer valor será Joy Division. Las tres patas del taburete (el ejecutivo, el productor y los músicos) estuvieron en aquel primer concierto. Dice la leyenda que el contrato discográfico entre ambas partes fue firmado con la sangre del propio Wilson. Lo que es impepinable es el éxito de la banda. Graban una Peel Session y tocan en el Marquee como teloneros de The Cure en febrero y marzo de 1979. En abril lanzan su disco debut Unknown pleasures, que contaría con la rendición inmediata de crítica y público.
El 18 de mayo de 1980, Ian Curtis se ahorca en su piso, días antes de empezar una gira por los Estados Unidos. El éxito póstumo del disco Closer y su sencillo Love will tear us apart again parecía dar por zanjada la historia, una historia que les permitía entrar en el olimpo rock. Pero, al contrarió, la historia subió de nivel. Bernard Sumner y Peter Hook decidieron reinventarse y formar New Order, también para Factory Records. Su giro hacia la música dance no solo les convirtió en una banda que llenaría estadios de fútbol, sino que abriría el camino a Madchester, la nueva generación.
colosalLa leyenda se expande. El 30 de noviembre de 1989 Happy Mondays y The Stone Roses actuaron en el popular programa de la BBC Top of the Pops. Era la cristalización de MADchester, de un nuevo sonido, Era el nacimiento del acid house y de las raves en fábricas abandonadas por la desindustralización. Era el momento en que la celebración del éxtasis desplazaba a la soledad de la heroína, en que los pantalones holgados y los colores desteñidos sepultaban a los elásticos negros y la estética gótica. Y Tony Wilson estaba en el centro de todo. Había fundado Hacienda en 1983, una sala de conciertos desde la que se expandiría la música disco hasta convertirla en hegemónica. The Hacienda era el centro de Manchester cuando Manchester se convirtió en el centro del mundo Ahí, en un concurso de bandas, serían descubiertos Happy Mondays, quienes firmarían para Factory Records. .
Aunque la propuesta estética y musical pudiera parecer antagónica a las ofrecidas por el punk la década anterior, en el fondo contaba con los mismos ingredientes: contracultura, irreverencia y rebeldía juvenil. Y aunque la nueva generación mancuniana estuviera chiflada por el baile, sabía reconocer a los maestros. Así, cuando Los Stone Roses estaban en la cresta de la ola, su cantante Ian Brown hizo unas declaraciones que sonaban a tributo hacia los maestros: “En el Reino Unido no se ha hecho buena música desde los Sex Pistols”.
Los ecos del concierto en el Lesser Free Trade Hall, llegarían hasta el brit pop de Oasis, la banda más colosal jamás surgida en Manchester. Cuando la BBC celebró un aniversario del lanzamiento de Never Mind The Bollocks, Noel Gallagher participó en él . Con el disco de los Sex Pistols en la mano, miró a la cámara y sentenció, “Esto es todo lo que hicieron. Esta es su declaración al mundo entero. Imagínate hacer las cosas tan bien una sola vez. Grabé diez discos, y en mi propia cabeza ni se asemejan a éste. Sabes que soy un cabrón arrogante… Daría todos mis discos por haber escrito éste. Lo digo en serio”.
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