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Sex Pistols. St MARTINS ART SCHOOL, Londres.

6 de Noviembre de 1975.

El bajista se llamaba Glenn Matlock, y la banda estaba ahí gracias a él, ya que tocaban en el salón de actos de la escuela de arte en la que estaba matriculado. Al cantante le llamaban Johny Rotten, intentó disimular el miedo escénico golpeando el equipo de sonido, que para más escarnio no pertenecía al grupo. Steve Jones. el guitarrista, se tomó un mandrax para templar los nervios. “todo el mundo nos miraba, parecía que había millones de personas ahí”. En realidad había poco más de veinte asistentes.

Quien mejor definió lo que pasó aquel día fue el batería, Paul Cook, “fue un completo caos, ninguno de nosotros sabíamos lo que estábamos haciendo”. Si alguno de los cuatro sabía qué estaba haciendo precisamente era él. No solo era un metrónomo tocando la batería, además era el miembro más responsable de la banda y el único con un trabajo estable, electricista en una cervecera. Cook fue un niño aplicado y sacaba buenas notas en el colegio, hasta que a los catorce años le llamaron la atención con una evaluación desfavorable de su tutor: “A veces se mete en líos por los amigos que ha elegido. Paul se deja arrastrar por los compañeros que le rodean. O comienza a centrarse en su trabajo o corre el riesgo de suspender todas las asignaturas el año que viene”. Naturalmente las malas compañías tenían un nombre: Steve Jones. Más de cincuenta años después siguen siendo amigos.

Steve Jones tenía por aquel entonces 19 años, el resto, 18. Era el primer concierto de su nueva banda, los Sex Pistols. Iban a ser los teloneros de Bazooka Joe en la Escuela de Arte de St Martin. El punto en común que había reunido a estos muchachos era la tienda de ropa SEX en Chelsea, regentada por una emergente diseñadora de moda llamada Vivianne Westwood y su pareja, un dandy llamado Malcom McLaren. Matlock trabajaba a tiendo parcial en la tienda. Jones mangaba ropa ahí siempre que podía.

Steve Jones había aprovechado el material robado en el Hammersmith Odeon y dos amigos de Sheppherd Bush, Paul Cook y Wally Nightingale, para montar un grupo rock. Cuando Jones se enteró de que McLaren había sido manager de los New York Dolls y de su venerado Johny Thunders, le pidió ayuda. McLaren aceptó, porque “involucrarme con la banda era la forma de mantener alejado a Steve de mi tienda”.

La cosa se puso interesante cuando conocieron a John Lydon, un adolescente que llamaba la atención entre los parroquianos de SEX por su pelo teñido de verde y por una camiseta tuneada de los Pink Floyd (había agujereado los ojos de los miembros de la banda y había escrito visiblemente I HATE encima de Pink Floyd). Le hicieron una prueba como cantante en la misma tienda y le rebautizaron Johny Rotten por el aspecto de su dentadura. Así lo recordó Malcom McLaren, «Le hicimos una prueba en mi tienda cuando cerró el pub, para que cantara y para que actuara a la vez que sonaba una canción de Alice Cooper llamada Eighteen que me encantaba. La cantó como el jorobado de Notre Dame.» Steve jones no lo vio claro, «Me parecía un gilipollas que se cachondeaba de nosotros, pero era listo». Paul Cook no tuvo dudas, «John empezó a tener espasmos junto a la máquina de discos, a montar su número, el que todos conocen y adoran. En ese mismo momento supe que era el cantante, que era… que iba a ser él…».

Pero volvamos a aquel 6 de noviembre. Los Pistols no tenían la categoría suficiente como para que su nombre apareciera en el cartel promocional. Llegaron al bolo con instrumentos pero sin los amplificadores. Los Bazooka Joe les dejaron los suyos. Seguramente se arrepintieron cuando Rotten empezó a golpear todo lo que tenía a su alcance.

Como es de imaginar, por aquel entonces los Pistols eran un grupo de versiones: Stepping stone de los Monkees, Substitute de los Who o Watcha Gonna do about it de los Small Faces. Los asistentes lejos de acercarse al escenario, iban dando pasos hacia atrás, buscando la puerta de salida. Al cuarto de hora de haber empezado a tocar alguien decidió, sin previo aviso, desenchufar el equipo. “No hubo ni un solo aplauso”, recordó Rotten más tarde.

Bazooka Joe, el grupo principal, nunca llegó a alcanzar las cotas de relevancia de sus teloneros. No obstante dos de sus integrantes se convertirían en ilustres. Danny Kleinman, el guitarrista, ha sido el creador de los títulos de crédito de varias películas de James Bond, incluídas Spectre o Sky fall. Stuart Goddard, el bajista, conmocionado por lo que vio aquel día, decidió dejar Bazooka Joe al día siguiente y bautizarse como Adam Ant, actor y célebre cantante de Adam and the Ants. Fue un anticipo de lo que ocurriría durante los siguientes dos años. Los Sex Pistols eran una fuerza aplastante e inspiradora para todos aquellos que fueran a verlos.

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