12 de febrero de 1976.

NO MIRES PERO LLEGAN LOS SEX PISTOLS. Así titulaba Neil Spencer la primera aparición mediática de los Sex Pistols. Fue una breve reseña en el New Musical Express el 21 de febrero de 1976 en relación a la salvaje actuación ocurrida días antes en el Marquee, un local emblemático emplazado en el Soho londinense . Un lugar donde se decidía la relevancia musical de una banda de rock. El mismo escenario donde, cuatro años antes, Queen había salido por la puerta grande.
El periodista llegó al final de la actuación, probablemente porque el concierto en el que estaba interesado era el de Eddie and the Hot Rods, los cabezas de cartel. Los Pistols estaban acabando su concierto con Pretty Vacant, la última canción que habían creado. A mitad de tema, el cantante tiró una silla por los aires que desencadenó un devastador resultado en las instalaciones del local. Como consecuencia, a partir de aquella noche, la banda fue vetada ahí, aunque en su escenario se grabaría posteriormente el icónico videoclip God save the Queen.
Tras finalizar Pretty Vacant ofrecieron un bis que nadie había solicitado, “Vamos a tocar Substitute”. “¡Pero sí no sabéis tocar!” -exclamó, un parroquiano-. “¿Y qué?” -zanjó el bajista-.
Intrigado por lo que acababa de presenciar, Neil Spencer se acercó al guitarrista para saber más de la banda. “¿qué es lo que queréis transmitir con vuestra música?” -preguntó-. “En realidad, no se trata de la música, esto va del caos”. -sentenció Jones-.

Era el octavo concierto de la banda en tres meses pero ya estaban ahí todos los ingredientes que les harían triunfar. Estaba la ropa de Vivianne Westwood y la presencia del Bromley Contingent que marcarían el canon estético en los años venideros. Estaba ese sonido primitivo que reivindicaba el espíritu primigenio del rock. Pero sobre todo estaba Johny Rotten. El cantante marcaba la diferencia. Se movía como un autómata porque no sabía bailar, berreaba porque no sabía cantar. Johny Rotten desafiante, cínico y provocador. Johny Rotten y su mirada hechizadora. El Johny Rotten que nos ha enamorado a todos. Como un niño golpeando una piñata, Rotten derribó todos los clichés de lo que se suponía que debía ser una estrella de rock. Era el perfecto AntiElvis y en unos meses se convertiría en el Anticristo.
A partir de aquel día nadie escaparía al influjo de la banda en directo.
Ya fuera el periodista musical que había ido a cubrir el evento: “Crucé la puerta y vi una silla volando y estrellándose contra el suelo. Había solo veinte personas ahí, pero era obvio que estaba pasando algo fantástico. No se parecían a nada que hubiese visto antes”.
Ya fuera un cazatalentos de disquera: “Había una pelea, poca cosa. Sé de músicos que se defienden si la música pasa al escenario, pero no que suelten sus instrumentos, se metan en una riña, la extiendan y olviden la música”.
Ya fuera un adolescente en busca de referentes: “Estaba cautivado por Rotten, ellos cambiaron mi vida. Caminé con mi amigo en la oscuridad las doce millas de regreso a casa, en un estado de excitación y energía desbordada, siendo conscientes de que habíamos sido testigos de un nuevo amanecer inundado del espíritu de la desobediencia”.
Todos caerían rendidos a la nueva sensación del momento.
NO MIRES PERO LLEGAN LOS SEX PISTOLS. Apenas 200 palabras siguieron a este titular en la reseña de la página 31 del New Musical Express. Diez meses después, los Sex Pistols copaban las portadas de toda la prensa inglesa
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