¿Alcanzará estas navidades Fairytale of New York la primera posición en los charts británicos? Nadie se explica cómo en 1987 los Pet Shop Boys con su aguada versión de Always on my mind les desplazó al número dos en la lista de singles más vendidos en el Reino Unido. A decir verdad, sí que hay una explicación. Resulta que Stiff Records, la casa de discos con la que los Pogues tenían firmado contrato, tenía una deuda que superaba los tres millones de libras esterlinas. Estaban en quiebra técnica, a un paso de bajar la persiana. Así que la banda acordó la distribución del single con EMI. Parece ser que esta discográfica estaba entonces más interesada en su grupo, los Pet Shop Boys, y descuidó sus deberes parciales hacia los Pogues.
1987 fue un gran año para la República de Irlanda. La selección nacional de fútbol dirigida por Jackie Charlton se clasificó por primera vez en su historia para la fase final de la Eurocopa. Un dublinés llamado Stephen Roche consiguió un triplete imposible en el ciclismo de élite al ganar en el mismo año el Tour de Francia, el Giro de Italia y el campeonato del mundo de fondo en carretera. Y una banda de rock, también de Dublín, conquistó los Estados Unidos de América. La banda se llamaba U2. El instrumento, un disco denominado The Joshua Tree.
Steve Lillywhite, el productor de sus tres primeros trabajos (Boy, October y War), había mezclado dos de los pelotazos de aquella intensa propuesta: Where the streets have no name y With or without you. Se deduce entonces que Steve pasaba por un momento dulce cuando ese mismo año coincidió con Frank Murray, manager de los Pogues. A Steve no solo le encantaban los Pogues, había quedado rendido por la versión que estos habían hecho de una canción escrita por su suegro en 1949: Dirty Old Town. Así que en cuanto encontró el momento preguntó, ¿Quién va a producir el siguiente disco de los Pogues?. Murray respondió a la gallega, ¿Por qué no lo haces tú?. Y con esta sencillez se acordó el afortunado encuentro para realizar el mejor villancico de la historia reciente, al menos en el mundo anglófilo.
Shane MacGowan ideó la canción en una estructura dialogada. Para interpretar el rol femenino pensó en Cait O´Riordan, la bajista en los dos primeros álbumes de la banda. Sin embargo, en la grabación del segundo disco, la O´Riordan se enamoró del productor, Elvis Costello. Hecho que desencadenó su renuncia a seguir en el grupo, para empezar un nuevo proyecto vital. Curiosamente, es la entrada del nuevo productor, y su por entonces pareja, quien afortunadamente proporcionó la voz femenina que elevó este villancico hasta el cielo. Cuando dios cierra una puerta, abre una ventana.
Por aquel entonces no habían decidido todavía quién iba a grabar la parte femenina, Steve Lillywhite propuso a su esposa Kirsty MacColl a modo de práctica, para ver cómo podría funcionar la canción. Kirsty aparte de ser la hija de Ewan MacColl, creador de Dirty Old Town, demostró su gran talento al componer con solo 16 años They Don´t Know. La posterior versión, a cargo de Tracey Ullman,alcanzó el número 2 en las listas británicas en 1983. Kirsty colaboró a lo largo de su carrera con músicos tan dispares como Robert Plant, Evan Dando, Lemmy Kilmister, The Cure o los Happy Mondays. Kirsty estaba con estos últimos en el escenario del Top of the Tops el día que explosionó vía televisada el sonido Madchester.
Pese al currículo de su señora, Lillewhite dio por hecho que la banda preferiría tener un nombre más glamuroso para el rol femenino, (se especuló en su momento con que podía ser Chrissie Hynde). A fin de cuentas, Kirsty siempre fue una persona que prefirió mantener un perfil bajo.
De todas maneras, el productor se tomó en serio ese primer proceso de la canción y así lo recordó en la biografía que Richard Balls escribió sobre MacGowan: “Shane hizo la voz principal, cantando todas las partes y más tarde, cogió las letras y arrancó las líneas que cantó, me entregó el papel y dijo: `Esto es lo que ella tiene que cantar.´ Así lo hicimos, pasé un día entero con la voz de Kirsty y realmente nos aseguramos de que cada nota, cada pequeño matiz estuviera ahí, porque es una canción muy difícil de cantar. Otras personas que han hecho versiones de esa canción ciertamente no le han hecho justicia a la melodía de Kirsty, su melodía es muy compleja.”
Cuando MacGowan escuchó la parte de MacColl no solo supo instantáneamente que iba a ser ella, sino que se apresuró a regrabar su propia parte para poder estar a la altura de lo que le habían presentado. El resultado final es por todos conocido. Uno de los primeros en escucharlo fue el editor Liam Teeling, que emocionado recuerda: “Me llamaron una noche por teléfono y me convocaron en RAK Studios.. Llegué allí y entré: Shane estaba tirado en un charco de vómito en el suelo. Terry Woods y Steve Lillywhite estaban parados en el escritorio. Steve apartó una silla grande y me sentó. Presionó el botón y escuché: `It was Christmas babe, in the drunk tank´ Fue increible. Casi me eché a llorar. Esa canción va directamente a los corazones y las mentes de las personas.”
El éxito de la canción y del disco en el que iba incluida, If I Should fall from grace with God, derivó en una gira eterna por todo el planeta que terminaría por fundir los plomos a MacGowan. El arrollador éxito de la canción simplemente le devoró. Su padre Maurice fue uno de los que se dio cuenta: “Realmente estaba por encima de la cima, cuando tuvo el gran momento, Fairytale… le voló el cerebro. No sé lo que pasó”. Por el otro lado, MacColl fue invitada a participar en la gira europea. Dudó mucho si aceptar o no, pues nunca se encontró cómoda bajo las luces del escenario, y disfrutaba más de la vida hogareña con sus dos hijos que de la vida bohemia en la carretera. Fue su propio marido quien tuvo que convencerla para aprovechar una oportunidad que solo se presenta una vez.
El 18 de diciembre del 2000 Kirsty MacColl murió en el Caribe mexicano a la temprana edad de 41 años. Disfrutaba de unas vacaciones con los dos hijos que compartía con su ex-marido Steve Lillewhite y su nueva pareja sentimental. Aquella mañana había contratado una actividad submarina en una zona acotada para dicho propósito. Inesperadamente una lancha fueraborda irrumpió en la zona a una velocidad temeraria. Viendo la amenaza que suponía para sus hijos, se interpuso en la trayectoria e intercambió su vida por la de su hija. Murió al instante. La embarcación pertenecía a un magnate mexicano de supermercados. Se responsabilizó del acto a uno de sus empleados, aunque se sigue especulando hoy día, que quien realmente conducía la nave era el propio potentado. En cualquier caso, Kirsty MacColl murió como vivió, con esa querencia a la discreción que finalmente deriva en épica.
Tras este episodio, a MacGowan le resultaba una tortura cantar Fairytale of New York con otra persona que no fuera ella, hasta que se convenció que cada vez que lo hacía era una forma de homenajear a la propia Kirsty.
Tal vez ningún dueto pueda estar nunca a la altura de MacGowan y MacColl, sin embargo en el funeral del propio Shane Macgowan en Tipperary, el pasado 8 de diciembre en la iglesia de Santa María del Rosario, la interpretación de Glen Hansard y Lisa O´Neill, estuvo muy cerca.
¿Alcanzará estas navidades Fairytale of New York el número uno en las plataformas digitales de música? Poco importa, Shane MacGowan pasó a mejor vida con el orgullo de haber sido número uno en la República de Irlanda en las Navidades del 87.
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